Título;
El aire de Cristino caminando
1. ¿De qué crees que vamos a hablar?
2.¿Y ahora, de qué crees que va el texto?
3.¿Qué cuenta este cuadro? ¿Cuál crees que es la temática?
Cráneo y Toledo. Óleo sobre lienzo. Medidas. 100 x 73 cm.
4. ¿Quién es Cristino de Vera? ¿Lo habías oído antes? ¿Cres que es importante?
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Te salen noticias de su fallecimiento, ¿por qué?
Lectura del artículo del periódico El Día.
Cuando aún no nos conocíamos yo veía caminar a . Bajaba desde su casa, cerca del colegio de las monjas, y desembocaba en el Club Náutico. Yo lo veía llegar a la altura del Colegio de Arquitectos, donde durante un tiempo trabajé, así que lo tenía cerca un buen rato. Caminaba como si lo esperara el aire, el agua de la piscina, la inmensidad de un océano que era suyo, del niño que fue.
Nunca le dije nada en aquel entonces; Cristino formaba parte de una mitología que poco a poco se fue nutriendo de personajes, entre los que estaba él, naturalmente, y estaban otros ilustres de la ciudad y de las islas. Los que no se marcharon; Cristino se marchó, pero nunca se fue.
Domingo Pérez Minik, Eduardo Westerdahl, Maribel Nazco, …, muchos otros eran entonces aquellos a los que yo veía pasear, o hablar en el Sotomayor, cuando los encontraba a través de las ventanas más frecuentadas entonces. Pero a Cristino yo no le decía nada en aquel entonces, él era un hombre de que ya viajaba por el mundo.
Me parecía (y lo era) un ser de otro mundo, alguien que se hubiera roto si yo, o cualquier otro, hubiera irrumpido en ese camino, que era propio, esencial, en el que parecía que él estaba estableciendo un místico reencuentro con Dios o con el aire.
Pasó el tiempo y entonces lo conocí hablando, su mirada esencial, metida hacia el centro mismo de su alma, esos ojos que te miraban como si te los quisiera regalar, sus manos iniciando canciones o conversaciones, una música propia que no acababa nunca.
[...]
Generoso como un samaritano, Cristino fue siempre así: un hombre solitario que quería a los otros, que quería muy al fondo de sí mismo, un ser humano que hacía de sus ojos un saludo ...
[...]
Entonces Cristino era un joven que no tenía más de cuarenta años, pero ya era mucho más viejo, o eso creía ser, que Dios o que todo el mundo. Pero en aquellos momentos de su inauguración, rodeado de un mundo que ya no existe, parecía un chiquillo disfrutando de la pintura, de la vida y de la gente.
Luego hubo muchas exposiciones, muchos viajes [...]
No hubo nunca duda: Cristino era mucho más que un pintor, o que un ser humano, simplemente: era un filósofo, un poeta, alguien especial, un pájaro libre, una obra de arte, una palabra divina esperando del suelo el paraíso del que se iría al cielo algún día y mientras soñaba.
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18 de marzo vistamos la Fundación Cristino de Vera. Este año la visita será muy especial.
*Para más información;
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